miércoles, 27 de enero de 2016

Primera semana de la historieta en Morelia



Reflexiones de viva voz y presentación de libros del autoría de quien esto escribe, el jueves 28 de enero a las 18:30 en el Centro Cultural Morelia.
Y enero se nos fue de las manos.




martes, 29 de diciembre de 2015

Teseo y el minotauro

Ilustración pro vegana que busca concientizar sobre el abuso en el consumo de carne de minotauro / Painter 2016 + Photoshop CC.


sábado, 12 de diciembre de 2015

La nave de los mitos

Esta ilustración es una especie de resumen visual y conceptual de la suite de Caronte y será (espero) la portada de mi próximo libro.

Estoy satisfecho con el resultado porque, además de la carga simbólica que alude al cambio, la transformación y el apego a los imperecederos símbolos personales, es una obra que comencé antes de una grave crisis de salud y que proseguí durante la lenta y sufrida convalecencia. La nave de los mitos tiene, por tanto, un componente emocional que trasciende a la simple ilustración.

¡Bah!, que quedó chingona, pues.






Dos venados






DOS VENADOS

Dos venados en mi testa, uno por cada hemisferio.
A la siniestra, el más sobrio reina desde el intelecto.
A la diestra gime el loco, el lúbrico, el insurrecto.
Ambos son mi territorio y ambos reclaman su imperio.

De esta extraña cornamenta ¿cuál es el lado correcto?
¿Son ellos mi yo cautivo o estoy yo en su cautiverio?

domingo, 15 de noviembre de 2015

Palomazos de fin de año

Tres colaboraciones o palomazos (término traido del argot musical al escargot comiquero) inspirados en la obra de tres colegas mexicanos. Sdubi de Boqui, El Monito de Rubén Armenta y Enigma 7 del maestro José Luis Durán.

Sdubi

El Monito

Enigma 7


domingo, 25 de octubre de 2015

Photoshop y necrofilia

Apenas ahora que reviso las ilustraciones elaboradas en los dos meses pasados, caigo en cuenta del ánimo fúnebre que me cargo.

*Aunque en rigor técnico, el título de esta entrada debió ser "Photoshop, Painter y necrofilia". Errare Pendejum Est

Autorretrato con el agua hasta el cuello
La herida
Un derecho y un revés
Un año sin los 43



Añoranzas para resistir la realidad

“Cierto que cualquier tiempo pasado fue peor y eso sin lugar a duda es ciencia que va a misa”
Feo Mundo Inmundo - Luis Eduardo Aute

“Todo tiempo pasado es peor, no hay tiempo perdido peor que el perdido en añorar”
 Aquellos Tiempos - Jorge Drexler

Gallito Comic's fue una revista de historieta mexicana que vio la luz pública desde principios de 1992 hasta finales del año 2000. La colección consta de 60 números y a pesar de la modestia de su tiraje y su nula presencia mediática, el impacto que tuvo en la formación visual y cultural de varias generaciones de jóvenes explica con elocuencia su bien ganada fama.

Tuve la fortuna de participar en ese proyecto editorial, así como en el Taller del Perro, que fue la evolución pokemona de aquél Gallo. Ambos dos han sido fenómenos irrepetibles e insuperables en la historia de la historieta mexicana. Ambos dos han quedado sepultados por la avalancha del pensamiento hegemónico neoliberal y a ambos dos les ha valido y les seguirá valiendo madre. 


Hoy que los jodidos superhéroes están en boca de todos; hoy que el pensamiento crítico ha sido apabullado por la ausencia de pensamiento a secas, nadie se acuerda de aquella trasnochada pero entrañable reliquia de 60 números… aunque más adelante tendré el placer de desdecirme de estos y otros decires.


El Gallito inglés antes de convertirse en Gallito Cómics

Atrás han quedado las rosas

Me es difícil hablar sobre El Gallo sin tomar distancia emocional; me estorban demasiado los recuerdos. Ahí estoy yo mismo a los 20 años de edad. Ahí está mi encuentro con una generación luminosa (generosa, lúcida, valiente) que poco a poco fue perdiendo lustre y ganando lastre hasta volverse opaca y pastosa. Ahí estamos entrando al fin de la historia como quien entra -sin saberlo- a un laberinto. Ahí está el neoliberalismo infiltrándose por cada poro de nuestra existencia. Ahí está el rock mexicano sonando en paralelo de nuestras historietas. Ahí está la escena underground nacional, ese curioso barco que terminaron reclamando las ratas, arrojando por la borda al resto de la tripulación.
Ahí aparece Víctor del Real, un editor salido de las brumas trotskystas. Un editor que no buscaba argonautas sino pasajeros que conocieran medianamente la linea 1 del metro y sus transbordos. 

El camarada del Real, armado con una meta histórica trascendente y un diablito para acarrear los ejemplares de El Gallo desde la imprenta hasta el local de Orizaba, que hacía las veces de mítica editorial.

Pero hago este apresurado recuento a la distancia y con mi coagulada mente de 43 años. En aquél entonces no era más que un pendejo (dicho a la manera coloquial de los argentinos pero también de los mexicanos) que no supo bien a bien qué estaba ocurriendo. Apenas recuerdo fragmentos, momentos, sensaciones. Esos recuerdos sólo tomarán sentido cabal hasta que mi mente de adulto bajo protesta aprenda a darles sentido (eso yo no lo sabía pero ahora ya lo sé).

Pasa la vida y ahora estamos en 2006 -sigo siendo un pendejo, pero lo disimulo con las incipientes canas-, catorce años después de la fundación de El Gallo y seis después de su defunción. Entre trago y trago de café Real (un café buenísimo endulzado con una miel buenísima) le comento al camarada del Real:


-¿Sabes qué, mi Vic? Acabo de entender qué es lo que quisiste hacer con El Gallo. Era un proyecto discreto pero muy ambicioso, muy cabrón.

Víctor me mira sin decir nada, pero seguramente piensa que su frase “Es que no hay nivel, mi Pepe” nunca resultó más certera y piadosa para conmigo.



Que La Nada fue el fin de cada etapa

Ahora estamos en 2010. Recibo el correo de un tal Benjamín García de Producciones Imperdonables que solicita atentamente una entrevista para grabar mi testimonio sobre la revista en comento. Respondo amablemente que sí, sabiendo que de cada 10 propuestas cinco se concretan y sólo una llega a buen fin. Confío en no volver a saber nada de este entusiasta.
Lo que no sospechaba en ese momento es que el sujeto pertenece a la estirpe de los documentalistas, animales dotados de perseverancia y tesón que sólo rivalizan con los de la mismísima mosca (me refiero al insecto que gusta de posarse en la mierda, no a la revista de rock que también gusta de hundirse entre la mierda).
A lo largo de los siguientes tres años, los Imperdonables irán recopilando testimonios de los sobrevivientes de aquél viaje editorial. Un domingo por la mañana de cualquier 2012 el equipo hace su aparición en nuestros aposentos. Estoy terriblemente crudo y no puedo pensar con claridad, así es como pasaré a la historia. 


Este grupo me recuerda, curiosamente, a aquél puñado de chavos que dio inicio al proyecto de El Gallo. Gente que al grito de “la cultura es de quien la trabaja”, hace las cosas sin pedir permiso a nadie; de manera sencilla, comprometida, sin grandilocuencias pero sin cretinismo, sin esa ligereza ramplona que terminó por consolidarse como el modus mamandi de la fauna cultural promedio.
  Para sorpresa de todos los involucrados, los Imperdonables (Dios los perdone) terminaron -o casi- el documental y nos invitan a su pre estreno en FESTO y luego en La Mole en el ocaso de 2013.
 

Ahi vamos, con un poco de hueva y otro tanto de morbo; a saber qué es lo que dije porque ya ni me acuerdo.

 

Que todo en la vida es cine y los sueños cine son

En víspera de la proyección me encuentro cansado y con ganas de que los problemas técnicos -que los hay- impidan la función en La Mole. Se ha contabilizado una hora de retraso pero el cácaro es inflexible y da inicio al esperado documental.
En la sala medio vacía o medio llena -según se quiera ver- se encuentran Víctor del Real, Clément, Luis Fernando y -si no me equivoco- Frik. Debo decir que nunca me había divertido tanto en una proyección por la cantidad de mamadas y tonterías que se dicen. Parece sala de pueblo por las risas y chiflidos de los propios actores de la cinta; pero debo decir también que no me había sentido tan conmovido desde la escena de la muerte de el Torito, difunto hijo de José el Toro (conocido cariñosamente como Pepe).

Ya dije que me es difícil hablar sobre El Gallo sin tomar distancia emocional y ese documental es un caudal de emociones; de manera que la sarta de subjetividades que pueda decir al respecto no aporta nada al lector de este texto o del propio documental. De hecho, ignoro si es una obra de interés público. Sólo diré que, pese a mi incapacidad para desvincularme de lo narrado en la cinta, el excelente trabajo de los Imperdonables hizo que pudiera percibir de manera coherente y articulada ese tramo de la (de mi, de nuestra) historia.
Enterarte de lo vivido a través de la pantalla grande debe ser algo muy grave... y lo es.

 

Yo no lo se de cierto

No me considero en absoluto nostálgico. Si de vez en cuando volteo al pasado y echo de menos tal o cual cosa no es con el afán de volver hacia atrás, sino de traer al presente aquello que añoro. Hay cosas que perdimos o nos fueron arrebatadas a la gacha y que es preciso recuperar. Una de esas cosas es -estoy convencido- el espíritu de lucha de aquellos jóvenes que fuimos y ya no somos. El espíritu de la época de quienes estuvimos inconformes con la vida y manifestamos esa disidencia tratando de crear un mundo (o si se quiere un fragmento, una rebanada de mundo) acorde a nuestras ideas.

Ahora que se nos entibiaron los güevos (o en el mejor de los casos se nos burocratizaron) es muy refrescante sentir la brisa finisecular de aquellos días de discreto esplendor. Lo digo sin ánimo de mitificar el pasado; por nada del mundo querría volver a ser aquél joven adulto que fui (no otra vez). No pretendo volver atrás ni siquiera metafóricamente; no me arrepiento o vanaglorio de nada de lo dicho o hecho, pero Ya lo pasado, pasado cantó el poeta.
Y sin embargo echo de menos la gallardía y los tompiates que nos impulsaron a abandonar Histerietas para construir nuestro propio castillo de naipes desde el subsuelo. Extraño la valentía que nos animó a romper con dos o tres editores culeros y a tomar distancia incluso con El Gallo y con el mismísimo Víctor del Real (en un episodio bastante freudiano) para construir un proyecto cultural propio como El Taller del Perro. 


Extraño haber sido un Gallo, un Perro y haber actuado en consecuencia.

Yo no lo se de cierto, pero supongo que un hombre y su pasado un día se quieren.




Este lunes 26 exhibirán en la Cineteca Nacional el documental Materiales para resisitir la realidad, trabajo sobre la finada revista de comics El Gallito Inglés, una publicación impresa en febrero de 1992 nacida por entusiasmo de cinco dibujantes y un editor quienes formaron un lugar para sus propias historietas, mismo que por derechos autor cambió a Gallito Comics, y sobrevivió hasta noviembre del año 2000.
La investigación fue elaborada durante cuatro años por los integrantes de Producciones Interminables, colectivo de cuatro amigos diseñadores gráficos la UAM Azcapotzalco, que han realizado cortometrajes como Corazón diario de un Calvino, A la orilla del Valle y el Hambre del hampa entro otros dirigidos por Fernando Castañeda quien es el responsable de grabar a los fundadores de la histórica revista.



[UPDATE] Con la agradable noticia de que el documental se proyectará en el Festival Internacional de Cine de Terror, Fantástico y Bizarro Buenos Aires Rojo Sangre, en Argentina, del 12 al 22 de noviembre. 
Supongo que la historia de El Gallito habrá resultado suficientemente bizarra para estar a tono con el festival.